jueves, 6 de marzo de 2014

El otoño y el vacío

Una hoja se desprendía lentamente de la rama de un árbol de tilo en el parque Lezama. Matías la contemplaba mientras Magali lo miraba distraerse. El viento le daba dirección a la hoja y la acompañaba al encuentro con su lecho de muerte, con el reposo eterno; donde un barrendero, quizás en la mañana siguiente, la despertaría con su escoba y la escoltaría a una pila de hojas secas. Matías, que tenía tantas cosas para pensar, solo pensaba en el trayecto que recorría la hoja y en lo triste que era ese acto. El viento, casi de una manera melódica iba desojando aquel tilo, y la noche se empezaba a filtrar tras sus ramas desnudas.
-¿Qué pensas?
- nada… ¿sabías que los árabes inventaron el número cero para atrapar al vacío?
-¿qué?
-sí, los árabes tenían miedo al vacío. A eso se le llama horror vacui, ellos cargaban todas sus obras de arte para no dejar ni un espacio vacío. A veces siento que la vida se vuelve una obra de arte árabe, como si todo el mundo padeciera horror vacui, la gente le tiene miedo al vacío, al silencio, no saben disfrutar del silencio, porque los hace pensar. Y pensar es dañino, pensar te hace sufrir, te vuelve inseguro, hay gente que habla por hablar, para no tener que soportar el silencio, porque se sienten incomodos frente a otra persona en silencio. Creo que si dos personas pueden soportar el silencio y contemplar una hoja caer en una tarde de otoño, no todo está perdido.
-estas medio loco Matías, sos raro… pero a veces dices cosas interesantes.
Matías hizo una mueca y un gesto con sus hombros que daban a entender de que él era eso, un puñado de palabras y pensamientos, que su cuerpo era la manifestación de sus ambiciones y de sus caprichos. Él podría parecer un hombre grande, un gran adulto responsable, pero estaba un poco cansado de esa imagen, por dentro su niño interior le pedía que se rencontraran y disfrutaran de aquellas viejas vivencias. Todo lo que él era, estaba construido sobre una infancia de tropezones y travesuras. Su aprendizaje fue la vida, la calle, robar choclos a la siesta en campos que quedaban a varios kilómetros de su hogar; trepar árboles, repartir un puñado de mandarinas entre amigos. Él supo que la tierra le ofrecería todo lo que necesitaba, en esas siestas de pueblo. Junto con sus amigos salían en búsqueda de aventuras montados en sus pequeñas bicicletas rodado dieciséis, e inconscientemente a formarse como personas ¿sería la falta de sueño en horas del mediodía aquello que luego lo convertiría en un pequeño soñador?
Se miraron, como hacía tiempo lo venían haciendo y luego se besaron, no sin antes dibujarse el rostro del otro en su memoria, ese momento podía volverse eterno, y quizás lo era, ¿Quién podría juzgar al destino por haber dado en el blanco una vez?
-Maga, ¿sabes…  que un día mirare hacia atrás y recordare esa hoja caer y con ella te recordare. Y también recordare que te conté del terror al vacío, de que tu boca es el cero; y besarte es la única manera de encerrar al vacío, y que en una época yo tuve la clave para burlar al tiempo?
-sos raro Matías, ¿Por qué decís esas cosas?
-porque un día te olvidaras de mí, te olvidaras de la hoja, del parque, pero cuando sientas ese momento incomodo, ese famoso “silencio incómodo” del que hablaban en Pulp Fiction , recordaras que en un momento de tu vida, conociste a alguien que se anticipó a todo eso, y que por tal irreverencia debería pagar con una vida de soledad, una vida de grises eternos, una vida de otoños, pero sobre todo, Maga, entendé que el futuro es siempre mañana y que el pasado acaba de suceder recién. Que siempre viviremos en un eterno presente, espero que me recuerdes, porque el tiempo es traicionero. Mi único consejo, es que pestañees mucho, en cada abrir y cerrar de ojos, el tiempo se habrá ido y cada rayo de luz apareciendo en tu ojo será el nuevo presente…
Después de esas palabras Magali se quedo en silencio y comprendio que Matías nunca supo ver un futuro con nadie, que el tiempo había hecho estragos con su corazón y que nada de lo que dijera en ese momento cambiaria algo. Supo que Matías estaba obsesionado con un pasado que todavía no iba a suceder.

La noche había envuelto a la ciudad en una leve oscuridad, y una suave brisa seguía cometiendo crímenes en cada árbol;  de eso se trataba el otoño, de ellos, de nadie, de una simple hoja meciéndose en el espacio y formando parte de un gran lienzo con miles de figuras, parques, calles y corazones rotos…

jueves, 13 de febrero de 2014

SOLO HAY QUE ESPERAR

El tambor del encendedor giró en un movimiento seco, y en ese milésimo instante, la piedra del tambor genero la chispa y al bajar la guía se liberó la entrada de oxigeno que hizo surgir la llama que luego encendió el cigarrillo de Magali. Ella, siempre que tenía una cita se ponía nerviosa y para relajarse tenía que prender un cigarrillo, exactamente veinte minutos antes de la hora de encuentro pactada con el galán de turno.
Veinte eran los minutos que separaban a Magali de la primavera; su madre le había contado que le faltaron veinte minutos para nacer en primavera, y desde ese instante, en una infancia muy remota, Magali comenzó a marcar sus pasos, y sus actos, con una lectura previa de veinte minutos.
Esa tarde, mientras ella disfrutaba su lucky strike, Matías viajaba en el 37, exactamente por avenida callao, faltaban cerca de veinte minutos para llegar a parque las Heras, y él se limitaba a escuchar música en su iPod y mirar por la ventana, le encantaba recostarse lo máximo posible y mirar hacia los picos de los edificios, amaba ese ángulo. Anthony kidies cantaba una suave melodía y Matías pensaba en ese encuentro, en el encuentro con Magali, él no la conocía, había visto unas fotos, pero sentía intriga hacia su persona, quizás la falta de datos sea a veces el motor de búsqueda de una mujer que no conocemos.
Se habían hablado por chat días atrás, y quedaron en encontrarse en el alto Palermo un jueves de febrero. Matías bajó del colectivo y comenzó a caminar por Coronel Díaz en dirección al shopping, Magali lo esperaba en la entrada de un Starbucks con un cigarrillo en su mano, esa tarde era perfecta, el sol se estaba escondiendo y por unos minutos la ciudad se teñía de naranja hasta que él se ocultara.
Se saludaron un  beso en la mejilla y como quien observa un objeto por primera vez, de reojo se miraban mientras caminaban en dirección al parque, entre un dialogo naif y formalidades buscaron un banco en el extenso verde. Matías la vio por primera vez, la estudio minuciosamente en silencio durante una milésima de segundo, copiando cada rasgo, cada facción de su rostro en su mente.
Ella era hermosa, tenía una mirada transparente, esa mirada de chica que los años la han vuelto un poco precavida, los tropiezos quizás, la volvieron desconfiada. Unos labios finos y delicados acompañaban las palabras que Matías escuchaba, él ya se había perdido en su boca.
Una suave brisa corría y hacia que las hojas de los arboles generan un sonido a lluvia, un perro ladraba a lo lejos y un niño tropezaba con su skate.
-         ¿Todavía sigues descreído del amor? Le pregunto Magali a Matías.
-         Algo así, creo que el amor se presenta cuando no debe, cuando uno cree no necesitarlo, se burla de uno y luego desaparece, te hace entrar y luego se va. Pero bueno si uno quiere ser un buen escritor, debe sufrir, debe ser su obra.
-         No seas tan pesimista, déjame creer que todavía hay algo más allá de los fracasos.
Él la miró unos segundos, y le dijo
-         Una vez mi abuelo me dijo que al amor hay que sentirlo, palparlo y preverlo, cosa que nunca pudo hacer el viejo, porque bien sufrido era.
-         Por?
-         Mi abuela le había roto el corazón una tarde de invierno cuando mi padre tenía 5 años. Ella nunca volvió.
-         Lo siento mucho.
Habían pasado las horas y las charlas y ella tenía que retirarse. Miro el reloj y con la mirada le dijo a él que la cita estaba llegando a su fin, Matías quería besarla, pero la tenía a una distancia no muy amigable para la situación, ella quería besarlo. Comenzó a decirle que el tenía que buscar su destino, encontrar que lo hacía feliz, y mientras ella hablaba, Matías le robo un beso, y comenzaron a besarse.
Después de varios minutos él tuvo que acompañarla a tomar su colectivo, la distancia empezaba a aparecer en su historia, la distancia siempre estaba presente en todos.
Se despidieron con un beso y Matías camino por las Heras en dirección al zoo. La ciudad estaba sumergida en la noche y las luces se adueñaban del paisaje, el viento formaba parte del paisaje, los tilos de la avenida aun despedían sus hojas, y el camión de la basura retiraba las ultimas bolsas; subió al colectivo esperando un mensaje de ella, pero se durmió a las dos cuadras.

Pasaron los días y el viajo a la costa con sus amigos, sus vacaciones estaban terminando, y en algunas noches frente al mar, cuando el viento se hacía presente en su rostro, recordaba ese beso. Quedaron en verse cuando el regresara, y así fue, una tarde, después de sus vacaciones, ella fue a buscarlo a la salida del trabajo, esa tarde la avenida 9 de julio estaba atestada de autos, y de nuevo la brisa del verano se hacía presente en su escenario, ella estaba hermosa, quizás más linda que antes, Matías la observo y luego la abrazo, sintió el impulso, extrañaba esa extraña. Se miraron a los ojos y comenzaron a caminar en dirección al rio, el cielo dibujaba formas con las nubes y el sol volvía a alejarse de la escena. Caminaron por corrientes sin un destino fijo, esa tarde no había apuro, el tiempo se había detenido, todavía quedaba mucho por delante, frente al luna park el volvió a mirarla a los ojos, se besaron y nadie de la gente que pasaba a su alrededor, se percataba de que en esa esquina, en ese instante, comenzaba una nueva historia…

domingo, 2 de febrero de 2014

Musa

Ver tu pelo mecerse en el viento, verte alejándote de mí aquella noche,  ese muelle. El agua golpeaba las rocas, el viento dibujaba cosas con tu pelo, y las estrellas se reflejaban en el mar, recuerdo un piso en las alturas con vista al mar, recuerdo la brisa y la calma, recuerdo…. Todo se aleja.
Un viaje en la noche, un extraño a mi lado, el calor en mi piel, un amanecer en la aduana, no podré olvidarlo todo.
No podré, nadar en esas aguas nuevamente, no podé dejar caer la arena desde mi mano y contar los granos mientras te miro a los ojos. No podré, no seré, no esperaré que todo vuelva a ser igual, no quiero lo mismo, quiero algo mejor, quiero poder mejorar. Siento que la vida no me alcanza para hacer todo lo que quiero. En cada tecleo de mi computador voy dejando todo lo que seré. Un día, un día dejare de repetir palabras, podre crear como antes. Un día tendré el poder de hacerlo grande, de hacer algo muy grande, pero aun así siento que esas paredes serán grises, y que nunca me conformare con nada. Nunca podré tener un pétalo de rosa en mi mano sin sentir que hay uno más lindo en otro lado.
Maldita suerte la del incompleto, voy dejando en el camino las pieles de lo que fui, tardare años en ser completamente entero, para luego volver a derrumbarme, y mudar hacia otro lugar, ¿qué es la vida?, si no eso. Una repetición eterna de nuestra mejor canción y con cada final, un trágico tema de desamor.

Supe que había dejado atrás el pasado cuando pude verte en la lejanía y saber que eras ajena, que nada de todo eso fue real, nada de lo que pasé en mi infancia. He tenido varias vidas, y de cada una saqué lo mejor, y supe apreciar lo peor, supe que cada beso mal dado, cuenta, que cada minuto se vuelve inmortal en la memoria, que a veces hay que descartar recuerdos, porque las estanterías de la memoria están repletas de ti. Supe que si no encuentro a una persona a quien dedicarle el dolor, nunca podre eliminarlo, tú no eres la que todos creen, tú ni siquiera existes, y mañana cuando suene el despertador, habrás desaparecido, y contigo mi inspiración… 

jueves, 23 de enero de 2014

Lluvia

Giro el grifo de la pileta del baño y empapo su rostro con ambas manos, lentamente se erguía mirando fijamente al espejo. En las noches que no podía dormir, él repetía ese ritual hasta encontrar el sueño. pero esa noche, quizás fue la temperatura del agua, quizás fue la fecha, quizás, fue que nunca se despertaba a las 3:30, pero esa noche mientras contemplaba la nada misma en lo profundo del espejo del baño, las gotas recorrían su rostro, al llegar al final golpeaban con resto del agua que había quedado estancada en la pileta. En ese momento, cada gota, golpeando el agua, cada gota, le recordaba la lluvia; aquella lluvia, aquella  noche.
-         Sabes que esta noche no será eterna.
Le dijo ella y exhalo una bocanada de humo
-         flaca. No busco la eternidad, no quiero que esta noche sea eterna, la gente se pasa la vida buscando momentos eternos y sin disfrutar de eso que esta frente a sus narices. Quiero que esta noche dure lo que la lluvia. Esta lluvia, que comenzó hace un rato, pero quiero que termine con tu último beso, con ese beso que será el recuerdo cada vez que llueva, porque, cariño, eso es la eternidad, convertir un momento hermoso, en un recuerdo, transformarlo en un olor, y cada vez que percibas una fragancia similar, poder ser feliz.
La flaca lo miro, él estaba hermoso esa noche, sus ojos brillaban, ella amaba cuando él estaba de buena racha, cuando el alcohol no lo transformaba en un moustro que escupía insultos a todos, en un hombre cerrado que solo hablaba de libros y de cosas que nadie nunca entendería, esa noche él estaba radiante, él podía mirarla e inmortalizar el momento. Él la amaba, pero sus destinos estaban muy lejos, la lluvia siempre fue el medio por el que se movían. Desde esa noche en que el toco su ventana aquella noche, y ella lo vio entre los agujeros de la persiana, esa noche supo que lo amaba, que ese hombre todo mojado y con lágrimas en sus ojos era lo que ella amaría toda su vida.
-         flaca, no estoy en mi mejor racha, estoy muy perdido, por eso quiero que este momento seas vos, seas lo que voy a recordar toda mi vida. Que mediocre que fui cuando creí que eras mía, a veces, no todo sale como uno lo planea, por eso debo irme, ya no quiero que esta ciudad me siga castigando, compre un pasaje a España, sé que nada de esto te sorprende, desde que nos conocemos vengo diciendo que me voy a ir, pues, ha llegado el momento. Recuerdo la película Martin Hache en la que Hache le dice a su padre, que extrañaba las terrazas de Buenos Aires; bueno, flaca, yo voy a extrañar la lluvia, ésta lluvia en particular, la última lluvia que podre recordar, flaca en dos horas sale mi vuelo, lo siento mucho, pero esta era la mejor manera de despedirme de vos, esta era la mejor manera…
Cogió una toalla, y limpio su rostro, miro nuevamente al espejo, la lluvia había cesado. Apago la luz, esa noche volvería a intentar dormir, Madrid le generaba insomnio.

miércoles, 22 de enero de 2014

Find

A veces siento que extraño ese lugar que aún no conocí. En mi mente surgen las eternas ganas de salir corriendo, sin mirar atrás; el viento acariciando mi rostro, los escenarios pasando a mí alrededor, y una meta muy lejana.
Siento que se desmorona todo, siento que estoy flotando en una especie de nube, sin poder pisar fijo, hace casi un año que no veo todo de otra manera, busco y revuelvo en mi interior, pero no logro encontrar más que preguntas. Miles de rostros borrosos, clichés de novelas clásicas, siento… siento, a veces entre mis problemas visuales logro ver con claridad.
Respirar hondo, bien profundo, y exhalar todo lo malo desde adentro. A lo lejos veo un sendero, todavía está muy lejos, mis ojos se llenan de lágrimas, las palabras aparecen en cada disparo. Recuerdo un campo a 75º y una ruta serpenteando las montañas, un pez dentro de un pozo en la arena. El cielo… las nubes, esas que suelo pisar día a día, se ven más lindas desde abajo, ¿Qué hago esperado a que las cosas me sucedan?
Cerré los ojos un atardecer frente al mar y pude ver tu rostro dibujarse en la oscuridad y destellando entre miles de luces y colores dentro de mi mente, vi tu rostro con mucha claridad, vi tu rostro, ahora solo falta….

Encontrarte…

lunes, 25 de noviembre de 2013

Eterno

La oscuridad gobernaba el cuarto de Matías. El dormía, o eso fingía. Su día había sido terrible, y en la noche era cuando todo empezaba a resurgir. En la noche pensaba en clara, en esa “figurita difícil” quizás eso era lo que hacía que él se interesara tanto en ella, la imposibilidad de tenerla; como en su infancia, la figurita que nadie tenía. Aquel trozo de papel con un dibujo que les faltaba a todos para completar el álbum. Pensaba en eso, aquella noche entre sabanas, y en ese momento le surgió una pregunta; ¿Quién determinaba cual era la figurita difícil, y por qué?
Era algo que en su infancia nunca se le había cruzado en la cabeza, quizás porque no tenía la capacidad para comprender que hay veces en que los acontecimientos exceden a la razón, y ahora de grande, con un par de años y de golpes en la vida, recostado sobre la cama de su infancia,  pensaba en algo similar, pensaba en algo que no podía tener, algo que le faltaba. Pero también pensaba en el (¿Por qué?), desde su infancia tenia a alguien encargado de escoger a su figurita difícil, y de mostrársela, pero por más que comprara todos los paquetes de figuritas del kiosco esa figurita no apareciera.
Quizás esa estrategia de mercado delimito la forma de percibir las cosas en su vida, a alguien se le ocurrió la brillante idea de escoger una de todas las figuras del álbum y decir que esa sería la “difícil”. Y que por cada millón de las otras, solo saldría una de estas y así los niños se verían obligados a pasar por el kiosco una y otra vez para entregarse al farsa de un supuesto “azar “ en el cual solo verían más de lo mismo, e incluso la gran mayoría de ellos renunciaría a la búsqueda después de varios meses de fracasos, quizás las corporaciones de figuritas han hecho de nosotros unos seres consumistas y pesimistas, dándonos falsas esperanzas de que algún día podríamos llegar a completar un álbum el cual, todos sabemos pocas veces ha sido logrado. Hemos encarado la vida “adulta” de esa manera, pensando en que después de  mucho esfuerzo esa figurita tan solo sería una utopía, algo idealizado, que el amor tan solo es una costumbre de las personas al verse corrompidas por el fantasma de la ausente e imposible figurita. Matías se veía enredado en estas terribles conjeturas, es increíble como una mujer nos quita el sueño, como nos enaltece y nos deja por el piso con tan solo su atención o indiferencia.
Hacía ya más de un año que él no veía a Clara, recordaba su cabello, su boca, esa indiferente forma de nombrar las cosas que le gustaban.
Ella enumeraba cada uno de sus besos, y luego le mandaba un mensaje a él diciéndole que el beso trecientosuno había sido más lindo que el beso cuarentaytres. Hablaba de Oscar Wilde muy a menudo, y siempre le llevaba un chocolate águila semi amargo, y un saquito de té Earl grey TWININGS  porque sabía que era su preferido. Leían en la plaza de congreso y luego cada uno seguía con su vida. hasta que un día Matías tuvo la brillante idea de “confundirse”, de decirle a ella que él no podía seguir avanzando, que se sentía perdido, que la quiera, pero que él se sentía como Bukowski, que una chica como ella se merecía algo mejor, y fue así. Clara cerró su corazón y se alejó bajo los aleros de la avenida Rivadavia en sentido al oeste, ese día llovía y Matías no caía en la cuenta de que en cada paso y cada minuto se alejaba el amor de su vida. Pero él era demasiado torpe en ese momento para comprenderlo. Es extraño cómo funciona el ser humano, reacciona mediante la ausencia, cuando uno lo tiene se siente ahogado, y cuando no lo tiene siente que le falta un trozo de sí. El amor era el karma de Matías, él era un especialista en el fracaso de este deporte.
Esa noche estaba muy perturbado, y tuvo que despertarse, la imagen de Clara alejándose aquella tarde, se había hecho recurrente en los sueños de Matías. Se levantó de la cama y se dirigió a la heladera, en medio de la noche esquivando cada uno de los obstáculos hasta llegar. Es muy loco como uno conoce su casa de memoria al punto de poder salir de su cama en medio de la oscuridad de la noche y llegar a la heladera sin chocarse nada. Abrió la heladera  y saco una botella de agua, cogió un vaso del aparador y se sentó a contemplar la luna que entraba por la claraboya de la cocina. Desenrosco la tapa de la botella con lentitud y mientras vertía agua en el vaso, jugaba con la tapa en su otra mano. Ese estilo de tapa le recordaba a su infancia, a esas tapas de Gatorade que hacían ruidito y eran tan llamativas. Matías pensaba mucho en su infancia, y siempre se preguntaba si esta había sido tan placentera como la recordaba, o si tan solo la ausencia de ésta generaba la idealización de una infancia memorable.

Nunca sería feliz si no se desprendía del pensamiento, nunca sería feliz si no dejaba de ver las cosas de afuera aun cuando lo estaba viviendo en ese preciso momento. Sentado en aquella mesa en medio de la madrugada con el reflejo de la luna en el vaso de agua. él pensaba en que la vida se parecía a un tango que nunca había escuchado, pero que le sonaba familiar cada instante en que sentía que estaba perdiendo las riendas, en ese instante se sentía vivo, en ese instante las figuritas no importaban, en ese instante su mente se aclaraba y veía todo con mayor amplitud, veía en ese instante, se veía a él caminando tras un sueño borroso con una melodía triste de fondo, se veía sobre una calle empedrada pateando una tapita de gaseosa en medio de la noche, bajo una ciudad gris e indiferente, se veía,  quizás, eterno.

domingo, 17 de noviembre de 2013

improvisando

No pensar, no estar, no soñar
Extrañar, te
Dejar el tiempo atrás dejar de verte en la borra del café
Caminar las calles sin una mano en mi mano,
Caminar la vida sin una mirada a mi lado.
Sexo y acido, humo dulce y las noches en vano
Reclamarle coherencia a una cama vacia con una persona a mi lado.
Creerme las mentiras que yo mismo me he inventado
Dar los pasos hacia atrás para poder sentirte unos instantes entre mis brazos,
Desaparecerte, una mañana, un boleto de avión, un beso en el cheek-in
Una letra de canción bajo tu almohada, ahí cerca de tus sueños, ahí cerca…
Desorientado, sin un rumbo, solo palpitaciones de que el camino cada vez se ve mas borroso,
Un futuro viaje se gesta, un futuro que se me queda a cuestas.

Cerrar los ojos frente a ti y calcar tu rostro con mis ojos cerrados para luego verte en mi mente cada noche, cada vez que el miedo me impulse a cerrar mis ojos, cada vez que piense en algo, cada vez que busque una razón, ahí estaras, dibujada en mi mente, dibujada para decirme que no todo ha acabado.